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viernes, 29 de agosto de 2014

Por Qué La Mujer Está Sometida Al Hombre (Antología Negra. Mitos, Leyendas Y Cuentos Africanos)


En el comienzo, Dios quiso probar el corazón del hombre y el de la mujer. Llevó al hombre aparte, le entregó un cuchillo y le dijo:
—Escucha: esta noche, cuando se duerma, córtale el cuello a tu mujer.
Llevó también a la mujer aparte, le entregó un cuchillo y le dijo:
—Escucha: esta noche, cuando se duerma, córtale el cuello a tu hombre.
—Está bien.
Entonces el hombre se retira muy triste, pensando: «¡Cortar el cuello a mi mujer, a mi hermana! Es imposible. No lo haré nunca.» Arroja el cuchillo al río, proponiéndose decir que lo ha perdido.
Y la mujer también se retira. Llegada la noche, toma el cuchillo y va a matar al hombre que dormía, cuando Dios reaparece:
—¡Miserable! —le dice—. Puesto que tienes tan mal corazón, no volverás a tocar hierro en la vida.
Tu sitio está en el campo y en el hogar. Y tú —dice al hombre—, por ser bueno, has merecido ser el amo y manejar las armas.

Los Cambios (Antología Negra. Mitos, Leyendas Y Cuentos Africanos)


Un joven tenía miel. Se la da a su abuela, la cual se la comió. A su regreso el joven la reclama.
La abuela se la había comido. Tuvo que darle grano. Él se lo llevó. Vienen unos pollos, hallan el grano, lo ponen en montón. El joven dice:
—¿Ustedes dicen: «somos muy tragones»?
Les da el grano. Se lo comen todo. El joven reclama, y le dan, en cambio, un huevo.

La Mujer Y La Hiena (Antología Negra. Mitos, Leyendas Y Cuentos Africanos)


Un hombre tenía dos mujeres; la una mansa y solícita, la otra tan parlanchina, que a menudo lo hacía encolerizarse. Ni las advertencias ni los golpes la corregían, y, finalmente, tomó la resolución de relegarla en un bosque, entre hienas. La mujer se construyó una choza pequeña, en la cual vino tranquilamente a instalarse como dueña una hiena. La mujer quiso protestar, pero la hiena, no contenta con beberse y comerse todo lo que preparaba la mujer, la obligó también a cuidar de sus crías. Pues bien: un día que la hiena ordenó a la mujer que hirviese agua mientras volvía, la mujer tuvo la desdichada idea de agarrar a las crías y echarlas en el agua hirviendo; después corrió, del todo temblorosa, a refugiarse en casa del marido, a quien halló tranquilamente sentado en el umbral de la cabaña, lanza en mano. Se arrojó a los pies del esposo para pedir ayuda y protección, y cuando llegó la hiena, echando espuma, el marido la tendió muerta de un lanzazo. La lección no resultó vana para la mujer, porque desde ese día fue la alegría y el contento de los suyos.

Tyaratyondyorondyondyo (Antología Negra. Mitos, Leyendas Y Cuentos Africanos)


Había una vez una mujer que tenía una hija de extraordinaria hermosura. Todas las miradas se posaban en ella, y todo el mundo la mimaba. Así estaba ella de orgullosa. El lugar donde vivía era grande, y había en él muchas jóvenes, también hermosas.

Observaciones De Un Hijo A Su Padre (Antología Negra. Mitos, Leyendas Y Cuentos Africanos)


Un hombre tenía un hijo, el cual dijo a su padre que iba a hacerle unas observaciones. Y el hijo rogó al padre que lo acompañase a la selva. Uno detrás del otro, fuéronse a ver una termitera donde zumbaban las abejas.
—Ven a ver —dijo el padre al hijo— las abejas que hay en este agujero.
—Padre mío —replicó el hijo— ¿no te he dicho que iba a hacerte observaciones? No son abejas, son bichos que revolotean. —Y como el hijo viese una corza rogó al padre que fuese a ver una cosa mucho mejor. Pero el padre declaró que era una corza—: No —dijo el joven—, es cosa mejor.
Prosiguiendo el camino llegaron a la orilla del agua, el hijo invitó al padre a que bebiese, pero este hizo notar al hijo que no había agua bastante para dos, y que bebiese solo. El hijo se empeñó en que su padre bebiese, y el padre consintió en ello. Después, el hijo hizo notar a su padre que si un hombre no quisiera comer y se contentase con llorar, no haría lo que es debido. Al marcharse, encontraron a una mujer que intentaba transportar leña, pero como no podía con ella, se le caía, y recogía otra y la ataba. El padre dijo al hijo que reparase en aquella mujer, que llevaba más leña de cuanto podía, la dejaba caer, después cogía otra y la hacinaba. Pero el hijo hizo notar a su padre que el caso se parecía al de una mujer ya encinta y que sigue persiguiendo a los hombres.
El muchacho salió andando, encontró un coba muerto y llamó a su padre para que lo viese. El padre declaró que era un coba.
—Esto es todo, por ahora —dijo el joven.

Al Fin Del Mundo (Antología Negra. Mitos, Leyendas Y Cuentos Africanos)


Las gentes de Asbon trajeron un caballo, hijo de Asbon. Desean venderlo; vale muy caro. La venta es difícil, porque el propietario del caballo dice:
—Yo no vendo mi caballo por dinero; lo vendo por tetas de mujer.

Seetetelané (Antología Negra. Mitos, Leyendas Y Cuentos Africanos)


Había un hombre sumamente pobre llamado Seetetelané. Ni siquiera tenía una mujer. Se alimentaba de ratones del campo. La capa y el pantalón estaban hechos de pieles de dichos insectos. Un día que salió a cazar ratones encuentra un huevo de avestruz y dice: «Me comeré este huevo cuando el viento sople de aquella parte.» Y lo escondió en el fondo de su choza.

El Pájaro Maravilloso Del Caníbal (Antología Negra. Mitos, Leyendas Y Cuentos Africanos)


Una vez varias jóvenes salieron de su casa muy de mañana con el propósito de recoger arcilla roja.
Entre ellas iba la hija de un jefe: muchacha muy linda. Recogida la arcilla, pensaron regresar a casa, cuando una de ellas propuso que se bañaran en una balsa grande que allí había. A todas les gustó, se metieron en el agua y se divirtieron un buen rato. Al fin se vistieron y se encaminaron a su casa.

Sikulumé (Antología Negra. Mitos, Leyendas Y Cuentos Africanos)


Sucedió, pues, que Macinga fue a casarse con unas mujeres; todas tuvieron hijos, pero la principal no los tuvo, y las otras mujeres la pusieron en ridículo; su mismo marido se burlaba de ella y no le guardaba ninguna consideración.

Longoloka, El Padre Envidioso (Antología Negra. Mitos, Leyendas Y Cuentos Africanos)


Pues, señor, sucedió que Longoloka se casó. La mujer quedó encinta. Longoloka se lavaba todos los días y se contemplaba en un espejo. A los súbditos que estaban sentados en la plaza les preguntaba:
—¿Quién es más hermoso: yo, o el niño que está todavía en el seno de la madre?
Los súbditos respondían:
—Tú, nuestro jefe, eres feo. No puedes compararte con el niño que está en el seno de su madre. El niño es muy hermoso, porque tiene una estrella en la frente.

Nuahungukuri (Antología Negra. Mitos, Leyendas Y Cuentos Africanos)


Un hombre llamado Nuahungukuri toma mujer; pero no ha construido una choza junto a las de la otra gente. Se la lleva a su casa, aparte. Pues bien: este hombre era caníbal.

El Cultivador (Antología Negra. Mitos, Leyendas Y Cuentos Africanos)


Un cultivador tenía un lugar sembrado de mijo, ya maduro. Todos los días, dos pajarillos venían a comerle el grano.

Leyenda De Los Monos (Antología Negra. Mitos, Leyendas Y Cuentos Africanos)


Hace de esto mucho tiempo, pero mucho; los monos habitaban en la aldea de los hombres, hablaban como ellos, pero no eran sus servidores, y verán lo que pasó.

La Codorniz Y El Cangrejo (Antología Negra. Mitos, Leyendas Y Cuentos Africanos)


La codorniz era propietaria de la tierra firme; el cangrejo era dueño del agua.
Un día, la codorniz, muerta de sed, va a buscar al cangrejo, y le dice:
—Dame agua para beber.

El Gallo Y El Elefante (Antología Negra. Mitos, Leyendas Y Cuentos Africanos)


Un día, el gallo y el elefante apostaron sobre cuál de los dos sería más comilón. Al siguiente día, desde el alba, los dos adversarios se reúnen en el sitio fijado. Al mediodía, el elefante, ahíto, se duerme; al despertarse, pasadas unas horas, se sorprende mucho al ver que el gallo no cesa de comer. Vuelve a pastar el elefante, pero no tarda en hartarse; se retira, dejando a su antagonista picotear a más y mejor entre las hierbas. Al ponerse el sol, el gallo se encarama en el lomo del elefante, que ya dormitaba. El elefante se despierta, exasperado por el picoteo que no deja de atormentarlo.
—¿Qué haces ahí? —pregunta el gallo.
—Nada —responde este—. Me como los insectos que encuentro en tu piel.
Espantado de tal voracidad, el elefante se da a la fuga.
Eso mismo hace todavía hoy, siempre que canta el gallo.

El Leopardo Y El Perro (Antología Negra. Mitos, Leyendas Y Cuentos Africanos)


Un día, el leopardo entrega sus tres crías al perro, prometiéndole, a cambio de que las cuide, tal cantidad de carne, que el perro no tendría que roer más huesos. Las cosas marcharon bien durante algún tiempo. Pero el perro cede una vez más a la tentación y una astilla del hueso que estaba royendo mata a una de las crías. Sin dificultad engaña a la madre, y le da los otros dos a amamantar, sucesivamente, uno, dos, tres. El mismo percance le ocurre una segunda vez. Entonces el perro se da a la fuga, y pide auxilio y protección al hombre. El hombre consiente, a condición de que el perro no abandone nunca la cabaña. El perro acepta el trato; pero poco tiempo después descubre un montón de huesos a cierta distancia de su albergue, y se lanza sobre ellos, a pesar de la palabra empeñada. El leopardo, que lo buscaba por todas partes para vengar la muerte de sus crías, salta sobre él y lo devora.
Desde entonces el leopardo no cesa de hacer guerra a los perros y de comérselos.

Por Qué Los Monos Viven En Los Arboles (Antología Negra. Mitos, Leyendas Y Cuentos Africanos)


Escuchen el cuento del gato montés. Una vez el gato montés pasa el día entero de caza, sin cobrar pieza. Está cansado. Va a sentarse y reposar, pero las pulgas no lo dejan tranquilo.
Ve pasar un mono, lo llama:
—Mono, ven, por favor, y sácame las pulgas.
El mono consiente, y mientras lo despulga, el gato montés se duerme. Entonces el mono ata la cola del gato montés a un árbol y huye.
El gato montés se despierta; quiere marcharse, pero se encuentra con la cola atada a un árbol.
Trabaja mucho por soltarse, pero no lo consigue, y ahí se queda, jadeante.
Pasó una tortuga.
—Te ruego que me desates la cola —grita el gato montés al verla.
—¿Me matarás si te desato? —preguntó la tortuga.
—No; no te haré nada —responde el gato montés.
La tortuga lo desata. El gato montés regresa a su casa. Dice a todos los animales:
—Dentro de cinco días, anuncien que he muerto y que van a venir todos al entierro.
Al quinto día, el gato montés se tumba de espaldas, haciéndose el muerto. Llegan todos los animales y bailan en torno del gato. De pronto, se yergue y se precipita sobre el mono. Pero este brinca a un árbol y huye.
Por eso, el mono vive en los árboles y no baja a tierra. Tiene mucho miedo al gato montés.

Por Qué El Rinoceronte Desparrama Su Estiércol (Antología Negra. Mitos, Leyendas Y Cuentos Africanos)


Cuentan que en las colinas de Fipa, cerca del Tanganyika, estalló una guerra violenta entre los rinocerontes y los elefantes. Vencidos los primeros, alcanzaron merced de la vida a condición de que no irían ya a manchar los senderos de los elefantes y desparramarían su estiércol.

Por Qué El Cocodrilo No Se Come A La Gallina (Antología Negra. Mitos, Leyendas Y Cuentos Africanos)


Había una gallina que tenía la costumbre de bajar diariamente a la orilla del río a recoger desperdicios de comida. Un día, un cocodrilo se le acerca y la amenaza con comérsela. Entonces la gallina grita:
—¡Oh, hermano! ¡No hagas tal!
El cocodrilo se sorprendió y se turbó tanto de ese grito, que se retiró, creyendo que podían muy bien ser hermanos. Volvió otro día a la orilla, resuelto a comerse la gallina. Pero esta gritó de nuevo:
—¡Oh, hermano! ¡No hagas tal!
—¡Maldita gallina! —gruñe el cocodrilo, que la dejó marcharse otra vez—. ¿Cómo hemos de ser hermanos? Ella vive en tierra y yo en agua.
Entonces el cocodrilo decidió ir a ver a Nzambé para interrogarlo y resolver la cuestión. Se pone en camino. No se había alejado mucho cuando se encontró a su amigo el lagarto.
—Mbambi —le dice—, estoy muy preocupado. Todos los días, una hermosa gallina, muy gorda, llega a la orilla del río para comer. Todos los días, cuando quiero apoderarme de ella y llevarla a mi escondrijo para comérmela, me asusta llamándome hermano. No puedo continuar así más tiempo, y voy en busca de Nzambé para que hablemos.
—Tonto, idiota —dice Mbambi—; no hagas eso, saldrías perdiendo y descubrirías tu ignorancia. ¿No sabes que los patos viven en el agua, y ponen huevos, y que lo mismo hacen las tortugas? Yo también pongo huevos. La gallina los pone, y tú también, mi estúpido amigo. En ese sentido, todos nosotros somos hermanos.
Por esta razón el cocodrilo no se come a la gallina.

Origen De Los Toneletes o Taparrabos (Antología Negra. Mitos, Leyendas Y Cuentos Africanos)


Un joven tenía una hermana. Un día la hermana pidió que la acompañase a un estero, a donde iba para lavar la ropa. Le daba miedo ir sola.
—Acompaña a tu hermana —dijo la madre al joven.
—Bueno —respondió.
Y se fue con la muchacha.
Llegados al estero, el hermano se sentó a cierta distancia, mientras la hermana lavaba. Como se había quedado totalmente desnuda, el hermano sintió deseos de acostarse con ella, y el deseo lo llenó de vergüenza.
Regresaron a la casa y el joven cayó enfermo, de resultas del esfuerzo que hacía para resistir el deseo. Estuvo a punto de morir.
Su padre inquirió la causa del mal.
—El daño está en el vientre —dijo—. El día que acompañé a mi hermana al estero, la deseé, y siento gran vergüenza.
—¿Es sólo eso? —exclamó el padre—. En tal caso, poco es. Llamó a su hija:
—Tu hermano —le dijo— está enfermo de ganas de acostarse contigo...
La joven objetó que el deseo de su hermano le daba vergüenza.
—Si no se acuesta contigo —dijo el padre—, morirá seguramente.
—Bueno —respondió ella— . Consiento.
Cierran la puerta de la cabaña. El hermano posee a la hermana, y se cura.
Por eso, una mujer no debe dejarse ver desnuda de ningún hombre. Quien la viese, sentirá deseo de acostarse con ella. Para evitarlo, todo el mundo va vestido.