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lunes, 22 de diciembre de 2014

El Que Tiene Alas (Edmond Hamilton)

EL QUE TENIA ALAS
Edmond Hamilton

El doctor Harriman se detuvo en el pasillo de la sala de maternidad y preguntó:
—¿Cómo va esa mujer de la 27?
Había lástima en los ojos de la enfermera jefe, regordeta y  pulcramente  vestida, cuando respondió: —Murió una hora después del nacimiento de su bebé, doctor. Estaba mal del corazón, ¿sabe?
El médico inclinó la cabeza, con gesto pensativo en el rostro enjuto y bien afeitado. — Sí, ahora recuerdo...; ella y su esposo fueron dañados por una explosión eléctrica que hubo en el subterráneo hace un año, y el esposo falleció recientemente. ¿Cómo está el bebé?
La enfermera vaciló: —Un niño sano y hermoso, excepto...

viernes, 31 de octubre de 2014

El hombre Que Evolucionó (Edmond Hamilton)


Mientras releía El hombre que evolucionó, intenté recordar cuándo oí hablar por primera vez de los rayos cósmicos y de la evolución.
No lo conseguí. Es como si hubiera conocido ambos fenómenos de toda la vida, aunque desde luego no nací sabiéndolo.
Sinceramente, creo que me familiaricé con ambos fenómenos a través de los cuentos de ciencia-ficción. Hasta es posible que los encontrase por primera vez en este relato.
En efecto, recuerdo que algunos conocimientos los he hallado por primera vez leyendo relatos de ciencia-ficción.

Involución (Edmond Hamilton)


Hacia fines de 1936 un relato aparecido en el número de diciembre de “Amazing Stories” me impresionó. Se titulaba Involución y su autor era Edmond Hamilton. Es el tercer relato de este autor que no he podido olvidar desde mi adolescencia. Los tres, de algún modo, tenían que ver con el origen o desarrollo de la vida, y todos mostraban una visión crítica de la humanidad.
En general soy un escritor optimista; mis personajes suelen ganar al final y el mundo se salva. Pero durante años noté que los relatos con un final desdichado, irónico o paradójico me chocaban con más fuerza que los de final convencionalmente feliz, y me dejaban una impresión más duradera.
Alguna vez se me ocurría que el tono pesimista era mejor, y que hacía falta a mis relatos demasiado optimistas. El recuerdo de cuentos como Involución me animó a intentar este tipo de finales.
Por ejemplo, mi relato The ugly little boy (publicado en las revistas bajo el título de The lastborn), concluía con una tragedia tan terrible, que muchos lectores me escribieron para contarme que habían llorado al final (lo mismo me ocurrió a mí mientras lo escribía). Pero luego, pensándolo bien, no me pareció en absoluto un final trágico. Concluía con el triunfo del amor, y no existe mayor triunfo que ése.
Isaac Asimov