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viernes, 8 de agosto de 2014

EL ÁNGEL DE BAIGURA Sara, Zuberoa (Leyendas De Euskal Herria)


En euskera, la palabra argi significa luz, pero también puede denominar el alma de los antepasados que, en forma de luz, se aparece a los mortales.
Según cuenta J. M. de Barandiaran, después de la muerte del dueño de Zulobia, en Sara, se veía una luz sobre el tejado de la casa, y todo el mundo estaba convencido de que era el espíritu del difunto.
Reicher y Lafon recogieron un relato en el que se narra cómo un ladrón entró en el castillo de Lahostanea. Llevaba como talismán un mairu-beso, es decir, un brazo de moro o de un niño recién nacido y muerto. El ladrón lo encendió y, además de alumbrarse con él, hizo que los habitantes del castillo durmieran un sueño mágico.
También existe un duende que aparece en forma de luz y se llama argiduna.
El siguiente relato está recogido en el libro de Jean Barbier «Legèndes du Pays Basque».

LOS CUATRO HERMANOS HUÉRFANOS Dima, Bizkaia (Leyendas De Euskal Herria)


El siguiente cuento fue recogido por J. M. de Barandiaran en Dima. Se trata de un cuento, y no de una leyenda. La diferencia entre los dos tipos de narraciones estriba en que el primero no se localiza en un lugar determinado ni en una época concreta; la leyenda, sin embargo, se acepta como un hecho histórico, aunque deformado por la fantasía y el tiempo transcurrido.

Los cuentos son historias para entretener, y pueden clasificarse en maravillosos, de hadas, de aventuras, de animales o de risa.
Cuatro hermanos se quedaron huérfanos, recibiendo una hogaza de pan como única herencia. Decidieron, por tanto, ir en busca de fortuna y, tras partir el pan en cuatro trozos, cada uno tomó un camino distinto.

EL ÁRBOL LADRÓN Leitza, Nafarroa (Leyendas De Euskal Herria)


Aztikeria, la hechicería, se utilizaba, y aún se utiliza en algunos pueblos vascos, tanto para lanzar un mal de ojo (birao) como para curar una hernia o un hueso roto, o para descubrir a un ladrón mediante el adur, el vehículo mágico de transmisión.
Era creencia popular entre los vascos que la maldición podía transmitirse por mediación de un objeto: una vela de cera representaba el cuerpo humano, y su luz era el espíritu. También podía utilizarse una moneda que tuviera una imagen; así, por ejemplo, para averiguar quién era el autor de un robo se retorcía una moneda y se tiraba al fuego, esperando que el culpable se encorvase al igual que la moneda.

LA BRUJA DE SALZEDO Salzedo, Araba (Leyendas De Euskal Herria)


El tema de las brujas que acuden al aquelarre diciendo las palabras “sasi guztien gainetik, laino guztien azpitik” (por encima de todas las zarzas, por debajo de todas las nubes) y que son escuchadas por alguien que también decide probar, pero que se equivoca y dice “sasi guztien azpitik, laino guztien gainetik” (por debajo de todas las zarzas, por encima de todas las nubes) y acaba dolorido y arañado, se repite en diversas leyendas de Euskal Herria.
Las brujas también pueden trasladarse de un lado para otro bajo la forma de un animal, como el carnero o el gato, al que siempre le falta una pata o la cola.

Barandiaran recoge la siguiente variante de esta narración.

ATARRABI Ezpeleta, Lapurdi (Leyendas De Euskal Herria)


Según expone J. M. de Barandiaran en su «Diccionario de la mitología vasca», Atarrabi u Ondarribio es un personaje mítico que figura en varias leyendas de nuestra tierra. Atarrabi es el hijo bueno de la diosa Mari, en contraposición con el hijo malo, Mikelats.

Hasta hace muy poco existía la creencia en Euskal Herria de que las almas se aparecían, entre otras muchas, en forma de sombras. Normalmente, la creencia se refería a las almas de los muertos, pero existen también algunas excepciones, como la leyenda en la que, para castigar a una bruja, había que azotar a su sombra, o como la que se narra a continuación y que fue recogida por Barandiaran, Azkue y Cerquand, en la que la sombra es el alma del propio personaje de la historia.

EL HOMBRE Y EL GATO Eskoriatza, Gipuzkoa (Leyendas De Euskal Herria)


En muchas leyendas vascas, las brujas y brujos adoptan formas de animales (buitres, carneros, bueyes, cerdos e incluso hormigas) para llevar a cabo sus malas artes o para trasladarse de un lado para otro sin que nadie se fije en ellos, aunque lo más normal es que la forma que adopten sea la de un gato negro.

El siguiente relato fue recogido tanto por J. M. de Barandiaran como por R. Mª de Azkue.
En un caserío de Eskoriatza, cuando toda la familia se había ido a dormir, la señora de la casa solía quedarse hilando al lado del hogar.
Una noche, un gato negro se deslizó por la chimenea, dio varias vueltas alrededor de la atemorizada mujer y le dijo:
—¿Los de la casa durmiendo y tú hilando?
Y, riendo como un ser humano, desapareció.

El relato del abad Birila, aunque bajo otros nombres, se encuentra muy extendido por toda Europa. Existe una leyenda parecida situada en el monasterio de Alflinghem, en Bélgica, en la abadía de Sainte-Magloire de París, también en Inglaterra, en Alemania, Suecia y Chequia. Se trata, por tanto, de una narración muy popular, que data de la Edad Media.

Sin embargo, es en Leire en donde se encuentran los vestigios arqueológicos más antiguos (siglo XII): un bajorrelieve en que se halla esculpido el santo, una lápida con el báculo del abad y unos pajarillos sobre él. Los mismos pajarillos están esculpidos en los capiteles de una parroquia de Yesa. Puede que fueran los propios monjes quienes difundieran la leyenda por los otros monasterios. Lo que sí es cierto es que el abad Birila existió en el siglo X, y que fue abad de Leire.
A comienzos del siglo X don Birila era el abad del monasterio navarro de Leire. Ya viejo y cercano a su fin, durante unas oraciones en la capilla se quedó pensativo leyendo el salmo Mil años en tu gloria son como el día de ayer que ya pasó.

LA MALDICIÓN Mithirina, Behenafarroa (Leyendas De Euskal Herria)


En euskera, las palabras birao o sakre designan la maldición, y también a un genio o diablo que se adueña de la persona que ha sido maldecida.Hasta no hace mucho, existía la creencia de que el birao introducía en el cuerpo del maldecido unos espíritus malignos, llamados gaiztoak.
La maldición puede realizarse mediante palabras, gestos o símbolos. Barandiaran dice que la frase “Ozpina erre bahindu” es una fórmula a la que temen los habitantes de Uharte-Hiri, en Behenafarroa.
La siguiente leyenda fue recogida por Barbier en su libro «Legèndes du Pays Basque», y Barandiaran también la menciona en su «Diccionario».
Hace mucho tiempo, en una época muy antigua, en un caserío de Mithirina, en Behenafarroa, estaban todos muy ocupados desgranando el maíz recogido aquel mismo día.
Al darse cuenta de que se había olvidado el rastrillo de dos dientes en el campo y de que lo necesitaba para dividir el maíz, el criado del caserío dijo:
—¡Diez céntimos a quien me traiga el rastrillo!
—¡Prepara el dinero! —exclamó rápidamente un moza que también servía en el caserío—. Yo misma iré a buscar tu rastrillo.

LAS PENAS DEL LINO Elantxobe, Bizkaia (Leyendas De Euskal Herria)


Como ya se ha comentado, las lamias son personajes que aparecen en muchas leyendas vascas. La siguiente narración, recogida por J. M. de Barandiaran en su «El mundo en la mente popular vasca», también tiene como protagonista a una lamia, pero es una lamia muy especial. Su nombre es laminaku, y tiene un solo ojo en medio de la frente, igual que Ttarttalo, así como una cola de pescado parecida a la de las sirenas que aparecen en otras leyendas europeas.

Se ocupa en tejer con una rueca —naturalmente, de oro—, teje y teje y no permite que nadie pase por delante de su cueva después de anochecer. Aquél que se atreva a pasar, es raptado por la laminaku, que lo mantiene como criado el resto de su vida, ¡si no decide matarlo antes!
En la cueva de Ogoño, en el pueblo de Elantxobe, en Bizkaia, vivía una laminaku, y nadie podía pasar por delante de ese lugar entre las doce de la noche y las dos de la madrugada. Quienes no habían hecho caso a la advertencia de sus vecinos habían desaparecido, y nunca más se había vuelto a saber de ellos.

DOMINISTIKUN Baztan, Nafarroao /Leyendas De Euskal Herria)


El diablo ocupa un lugar importante en la mitología vasca. Se le conocen muchos nombres diferentes: etsai, gaizkin, txerren, tusuri, plaga, kinlilimarro, iruadarreko, gaueko... Siempre trata de hacer el mal, buscando almas que llevarse a su oscuro reino.
Hay un dicho popular que dice “eguna egunezkoentzat eta gaua guezkoentzat” (el día para los del día y la noche para los de la noche). El diablo es el genio de la noche, y no perdona a aquéllos que se hacen los valientes y le retan saliendo de noche.

Aunque también existen medios para ahuyentarlo, como se muestra en la siguiente leyenda.
Vivía en un pueblo del valle del Baztan, en Nafarroa, un matrimonio que no tenía hijos. Llevaban muchos años esperando uno, pero no conseguían ver cumplido su deseo. Habían probado toda clase de hierbas, habían ido a la ermita de Aralar, e incluso la mujer había ido a una fuente cuyas aguas, decía la gente, hacían milagros. Se había frotado el vientre con una de las piedras, remedio que, según los entendidos, no podía fallar; pero, ¡ni por esas! Un día, sintiendo que ya se le empezaba a pasar la edad para ser madre, la mujer suspiró.

lunes, 4 de agosto de 2014

MUNTXARATZ Abadiño, Bizkaia (Leyendas De Euskal Herria)


En el «Diccionario geográfico-histórico del Reino de Navarra, Señorío de Vizcaya y provincias de Álava y Guipúzcoa», editado por la Academia de la Historia (Madrid, 1802), al referirse a la localidad de Abadiano dice: “Entre las casas solares de esta anteiglesia se distingue la de Muntxaratz, cuyo dueño, Pedro Ruiz, casó con la infanta de Navarra, doña Urraca, según aparece en su testamento, fecha 2 de octubre de 1212”.
Según otras noticias recogidas por R. Mª deAzkue, doña Urraca, infanta de Nafarroa, estuvo casada a finales del siglo XII con el señor de Muntxaratz y, al morir éste, huyó, sin que se supiera adonde fue.

J. M. de Barandiaran recogió al respecto la siguiente leyenda.

¡YO SOY YO! Salinas de Añana, Araba (Leyendas De Euskal Herria)


En Araba encontramos brujas en Urkiza (Peñacerrada), en Agurain (Salvatierra), en Gatzaga (Salinas de Añana) y en otros muchos sitios. En Arrizala, una pequeña aldea cerca de Agurain, existe un dolmen al que llaman Sorginetxe (la casa de la bruja) y que, según cuentan, se construyó con las piedras que bajaron desde las peñas de Entzia.
También se dice que las brujas vivían en la fuente de Lezao y que solían ir al dolmen a peinarse. Todos saben que a veinte pasos del dolmen está enterrada una piel de toro llena de oro, aunque puede que las brujas se diviertan cambiándola de sitio, pues todavía nadie ha podido encontrarla.

Don Joxe Miguel de Barandiaran, a quien nunca estaremos suficientemente agradecidos por habernos devuelto las raíces de nuestro pueblo, recoge el siguiente relato en su obra «Brujería y brujas en los relatos populares vascos».

EL PERRO DE LA TEA Berriz, Bizkaia (Leyendas De Euskal Herria)


Aunque no tan frecuentemente como los caballos o los toros, los perros misteriosos también tienen su lugar en la literatura oral vasca. Se cree que los perros siguen a sus amos cuando éstos mueren, y que son los guardianes de sus huesos.
Por ejemplo, R. Mª de Azkue cuenta que en la zona de Barakaldo, a la noche siguiente de fallecer una persona, aparecía un perro llevando en el hocico una tea qué despedía fuego y llamas. Al ver a alguien, se zambullía en el primer arroyo que encontraba y desaparecía.

En otros casos, los perros errantes son almas en pena que esperan a que alguien repare el daño que en vida hicieron.
Cuentan que en vísperas de su boda, un mozo de Berriz, en Bizkaia, andaba repartiendo las invitaciones a familiares y amigos. Al pasar por delante del cementerio vio una calavera que probablemente se le había caído al enterrador al llevarla al osario.

LAS BRUJAS DE ZUGARRAMURDl Zugarramurdi, Nafarroa (Leyendas De Euskal Herria)


La palabra vasca “akelarre” (prado del macho cabrío) ha sido adoptada por otros idiomas para designar el lugar de reunión de brujas y brujos.
En Euskal Herria existen varios lugares designados con este nombre; pero, sin lugar a dudas, el más famoso de todos es el Akelarre de Zugarramurdi, en Nafarroa, que se encuentra delante de la entrada de una cueva llamada Akelarren-lezea, donde, según creencia popular, se reunían los brujos para adorar al diablo en figura de aker, a quien adoraban en las noches de los lunes, miércoles y viernes. Los reunidos bailaban y ofrendaban al diablo panes, huevos y dinero.

En realidad, aquellos “brujos” eran personas que continuaban venerando las antiguas creencias de los vascones y trataban de mantener vivos vieios ritos y costumbres.

EL FORZUDO DE ARBURO Arburo, Araba (Leyendas De Euskal Herria)


En la época en que los romanos invadieron la Península Ibérica hubo varios reductos a los que no pudieron o no quisieron someter, entre ellos la zona montañosa de Euskal Herria. No vamos a entrar en las razones históricas, pero sí diremos que vascos y romanos llegaron a un acuerdo por el cual a estos últimos se les permitió construir varias calzadas de paso hacia las Galias (Francia) y a los puertos del Cantábrico.

La siguiente leyenda me la contó mi padre, Patxi Lezea, gran amante de la tradición oral vasca.
Hace más de dos mil años los romanos invadieron la Península Ibérica. Fueron conquistando todas las tierras que encontraron en su camino y derrotando a los pueblos que se oponían a la invasión. Pero al llegar a las actuales Araba y Nafarroa se dieron cuenta de que la conquista no les iba a resultar nada fácil. Aunque al principio la resistencia era poca, dado que las zonas son llanas, a medida que avanzaban iban encontrándose con una oposición cada vez más grande.

LA YEGUA BLANCA Atharratze (Tardets), Zuberoa (Leyendas De Euskal Herria)


Según cuenta J. M. de Barandiaran en su obra Diccionario ilustrado de la mitología vasca, el caballo era un animal muy apreciado por los antiguos vascos, que incluso determinó algunas formas de expresión o símbolos de su vida espiritual. Ciertos genios subterráneos eran representados en forma de caballo.
En la región de Atharratze existe la creencia de que de la cueva de Laxarrigibele, cerca de Alzai, sale un genio en forma de caballo blanco. Existen varios relatos en los que aparecen caballos, casi siempre blancos, aunque también se dan casos de “suzko zaldiak” o caballos de fuego.

La siguiente narración se cuenta en la zona de Lapurdi.
Erase una vez un hombre que tenía tres hijas. Un día algo le molestó detrás de una oreja, y pidió a su hija más pequeña que mirase lo que era. La hija, Anderkina, encontró un piojo. El hombre ordenó que metiesen el piojo en un puchero pero, al poco tiempo, el piojo engordó tanto que reventó el puchero. Entonces metieron al piojo en una barrica, y también reventó la barrica.

EL BRUJO DE BARGOTA Bargota, Nafarroa (Leyendas De Euskal Herria)


Cuando se habla de brujería normalmente se piensa en las brujas, mas raramente en los brujos. Sin embargo, también hay hombres brujos en los aquelarres. Puede que sean menos numerosos que las brujas, pero también los hay.
Uno de los brujos más famosos de Euskal Herria es el de Bargota, en Nafarroa. Juanis nació y fue cura de Bargota en el siglo XVI. Consiguió su fama por los prodigios que se le atribuían y que comenzaron en los tiempos en los que estudiaba para ser cura en Salamanca.

He aquí dos pequeñas narraciones sobre él.

El avaro

Un vecino del brujo Juanis de Bargota, un pueblo de Nafarroa, tenía una deuda con un avaro de la localidad. El hombre trabajaba de sol a sol, pero no conseguía saldar la deuda.
—No te preocupes—le dijo Juanis, enterado de lo que le ocurría—. Tengo doscientos chivos en el corral. Dile que te perdone lo que le debes y que te dé dos mil reales, yo le daré los chivos, que valen mucho más.
El prestamista firmó el trato después de ver los chivos. Al día siguiente, muy contento con el negocio que había hecho, fue a sacar los chivos. Abrió las puertas del corral y salió primero el chivo jefe de la manada, y detrás los otros, de dos en dos. Al salir, todos levantaban la cola y le hacían una reverencia doblando las rodillas e inclinando la cabeza. Al ver esto, el avaro, asustado, pensó que era cosa del diablo, se santiguó y los chivos desaparecieran.
Pasado el susto, el avaro fue en busca del hombre y le reclamó el dinero que le había pagado por los animales y también la deuda, puesto que los chivos habían desaparecido y por lo tanto él no había ganado nada, pero el amigo de Juanis le mostró el papel que había firmado, y el avaro se quedó con un palmo de narices.

El viaje a Pamplona

Un año, Juanis de Bargota decidió ir a las fiestas de San Fermín. Normalmente se trasladaba de un sitio a otro montado en una nube, pero aquel día el cielo estaba totalmente azul, así que tuvo que ir andando.
Cuando llegó a Pamplona estaba tan cansado que se dirigió a una posada, a fin de descansar y pasar la noche. La dueña de la posada le dijo que, debido a las fiestas, no tenía ni una sola cama libre.
Juanis le pidió que, por lo menos, le dejase dormir sobre una alfombra. La dueña, al verlo tan agotado, accedió, y llevó una pequeña alfombra a uno de los dormitorios en el que había una cama que ya estaba ocupada por dos huéspedes.
Los ocupantes de la cama estaban profundamente dormidos. Juanis los contempló durante unos segundos y luego empezó a toser con fuerza, hasta que los otros se despertaron.
—Lo siento, señores, no era mi intención despertarles —se disculpó.
A continuación, se sentó en la alfombra.
—No se asusten —añadió—, pero yo acostumbro a dormir sin cabeza.
Los dos ocupantes de la cama lo miraban asombrados, temiendo que estuviese loco. En eso, Juanis empezó a desatornillarse la cabeza y la dejó sobre la mesilla. Los dos huéspedes, al ver aquello, lanzaron un grito de horror y salieron corriendo de la habitación.
El brujo se puso la cabeza de nuevo, se acostó en la cama y se quedó dormido.
Mientras tanto, los dos asustados clientes habían ido en busca de ayuda y volvieron acompañados del posadero, su mujer y varias personas más, todas fuertemente armadas.
Al entrar en la habitación encontraron a Juanis durmiendo plácidamente, con cabeza y todo. Ni qué decir tiene que los dos pobres asustados fueron tomados por locos, que tuvieron que recoger sus cosas y abandonar la posada.
El brujo de Bargota durmió a pierna suelta hasta bien entrado el día siguiente, y se limitó a sonreír cuando, a la hora del desayuno, la posadera le contó lo ocurrido.

LA AMILAMIA DE LEZAO Agurain, Araba (Leyendas De Euskal Herria)


Las lamias son personajes que a menudo aparecen en la literatura oral vasca. Siguiendo los trabajos de Barandiaran y de otros autores, la lamia más conocida y frecuente es la joven hermosa que peina sus largos cabellos rubios con un peine de oro al borde de un arroyo y tiene los pies como los patos o las cabras. En nuestras leyendas encontramos diversos tipos de lamias. En Bizkaia y Gipuzkoa son hermosas mujeres que enamoran a los pastores, aunque en Ea (Bizkaia) hay una que tiene cola de pescado y un solo ojo en la frente; en Nafarroa se parecen más a las brujas y se llaman eleilamíak; en Iparralde son una especie de genios sin sexo a los que llaman lamiñakuak, y en Araba su nombre es amilamia.

El siguiente relato me lo contó un viejo amigo de mi padre, llamado Satur, a quien le gustaba contar los cuentos que había oído en su niñez.

ZEZENGORRI Orozko, Bizkaia (Leyendas De euskal Herria)


Según señala J. M. de Barandiaran en su «Diccionario de la mitología vasca», los genios subterráneos aparecen a menudo bajo la figura de toros rojos, aunque, dependiendo de la zona, sus nombres varían: Zezengorri, Txahalgorri, Txekorgorri, Behigorri, Ahatxegorri, Zezensuzko, Ahatxe...

Suelen ser los guardianes de ciertas cuevas en la que se dice que existen tesoros ocultos, y también aparecen como anuncio de un mal presagio o solamente para asustar al caminante nocturno.
Hace mucho tiempo vivía en el pueblo vizcaíno de Orozko un ladrón al que su oficio le iba viento en popa. Todos los días conseguía robar algo, y siempre se trataba de algo de valor. Por mucho que el alguacil y los vecinos lo buscaran, no conseguían atraparlo.
Tenía su guarida en una cueva del monte Itzine, y allí iba guardando todos los tesoros robados: monedas de oro, cadenas, anillos, hebillas de brillantes, collares de perlas... Aquel lugar parecía la cueva de Alí Baba.

EL HOMBRE Y LA CULEBRA Apellaniz, Araba (Leyendas De Euskal Herria)


La culebra siempre ha estado relacionada con el mal y, más concretamente, ha sido la personificación del diablo.
Según recoge R.M. Azkue en su obra «Euskalerriaren Yakintza», la picadura de una culebra se cura rezando la Salve al revés o abriendo la herida en forma de cruz, aunque también es útil quemar la herida con ajo. Dice también que, hablando de culebras, no se debe decir “suge haundia” (culebra grande), sino “suge mortala” (culebra mortal), porque si se dice “suge haundia”, la culebra crece más y más. Al oír el silbido de la serpiente hay que temerla, pues quiere decir que tiene sed.
Sin embargo, los antiguos vascos creían que la serpiente era una de las formas que tomaba Maju, Sugoi o Sugaar, el compañero de la diosa Mari, señor del mundo subterráneo.
Hace mucho tiempo, en la zona de Apellaniz de Araba, un pastorcito cuidaba un rebaño de cabras. Un día encontró un pequeña culebra a punto de morir de sed. Le dio tanta pena que, cogiendo el pequeño reptil, lo puso a mamar de la ubre de una de sus cabras.